Mujer aquí estoy, bajo este enorme universo…

Mujer ayúdame, la puerta de madera está abierta, llega con tus brazos de sombra de ceiba para darme paz, hoy que la luna no aparece y los colibríes me han olvidado.

Mujer llega, las ventanas que miran el lago de Pátzcuaro están esperando tu viento cálido para llenar con tu luz la mente de este caminante.

Mujer, tu corazón llena mi vida de certeza  cuando las tinieblas aparecen y cuando la alegría desborda mis letras.

Mujer, te llamo desde la banca donde te pienso y te recuerdo continuamente, desde tiempos ancestrales, desde que comenzamos a caminar, desde que me trajiste – en tu ser-  alguna mañana de marzo.

Mujer amiga, compañera, madre, tierra, luz, guía, esperanza, sustento, suspiro, amor profundo e inmortal te necesito como Bach necesitaba el baile de las libélulas y como el mar necesita del caracol para guardar sus sinfonías.

Mujer aquí estoy, bajo este enorme universo, aun costado de millones de soñadores y sobre pavimentos frágiles, esperando  tu mirada espiritual para volar sobre los páramos y nadar en el flujo de la vida de las jacarandas donde quizás nos encontremos.

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