gracias a la vida

gracias a la vida por ponerme tantos topes

tantas bardas difíciles de escalar

y piedras gigantes-

por enseñarme a

pasar tragos amargos

cuando

las raíces se van

del alma-

por darme oportunidades

cuando

no se

ve

luz

en el

túnel-

por permitir

viajar al Mictlán

y resurgir entre las llamas

y ocasionalmente

volar

sobre

ceibas

y

jacarandas.

 

Gracias a la  vida por sus

golpes en las mejillas

que han curtido

la piel

para soportar

los vientos

cortantes

que salen

de tu boca

fascista, nefasta, violenta.

 

Gracias a la vida por dejarme

dormir en colchones

otras en hamacas de colores

y algunas otras en petates crudos.

 

Gracias por los cuatro luceros

que alumbran la brecha

donde

he decidido caminar

y por los momentos

tan difíciles por los que he pasado,

por las noches de tormenta,

de nieve en la pobreza,

de hambre en el corazón,

de soledad física.

 

Gracias por todas las lágrimas,

por los vuelos, por los tropezones,

por las pérdidas… porque al final todo lo anterior brinda sensibilidad al espíritu para entender el contexto, para entender al otro.

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