si alguien encuentra mis alegrías les voy a agradecer profundamente con un racimo de jacarandas y framboyanes.

ayer perdí (casi) todo

lo dejé olvidado

mientras

entrabamos en letargo

con paisajes

de laureles

y canteras

claras-verdosas.

 

perdí palabras de Saramago, las últimas

que le mandó imprimir Pilar pero

que fueron las primeras:  Claramboya,

iba a media carrera

degustando

de sus

sencillez,

de sus juegos textuales…

 

perdí la alegría

que acompaña al

semblante

con sonrisas.

un texto de Marcuse, que usaba

para practicar francés:

los principios de la liberación,

estás eran re-lecturas.

 

dos periódicos, el país

que traía un artículo

de una propuesta nueva sobre las inteligencias

múltiples de Gardner,

venía subrayado con un rosa-naranja-fiusa de mi parte.

la jornada que huyó virgen,

no tuve

oportunidad

de tocar sus palabras

con mis ojos.

las vivencias de Gandhi por Fischer que

se quedaron en esa banca desde

donde se observaban

las trifulcas de la sección 22

y a los pasajeros

que buscan

en estos valles

gastronomías

escondidas

y pinturas

terracotas.

 

 

perdí

ilusiones

que se las llevaron

las hojas

de los

framboyanes

que están

en Santo Domingo.

 

se quedó todo en otras manos

las voces

de Saramago

la alegría de la poesía

las palabras de Marcuse

los textos de tus  ojos

que es lo

que más duele.

 

perdí a resumidas cuentas

el morral inglés

de “Jou”

que contenía de manera cuantitativa

tres libros, tus ojos, dos periódicos, la alegría  y poemas-aventuras.

 

 

hace bien

perder

todo

para

reencontrarse

me repito a manera

de consolación

para revelar

lo que se tenía

y ahora se ha esfumado

en la obscuridad

de las piedras de río.

 

si alguien

encuentra

la bolsa blanca

con las alegrías;

con los textos de Saramago, de Fisher, de Marcuse;

con el País y con la Jornada virgen;

con tus recuerdos;

les voy a agradecer

profundamente

con un racimo

de jacarandas

y framboyanes.

 

Por favor

hagan llegar todo lo que perdí

a la casa de canela y vainilla

de Octavio Paz y Wittgeinstein

a un costado del Laurel gigante

del zócalo Huaxyacac.

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